vender un microondas

Vender un microondas 20 años después de ser novedad

Veréis… nuestra profesión nos obliga a representar la marca o producto de nuestro cliente y hacer que sea lo suficientemente interesante para los medios de comunicación. A veces, esto resulta muy complicado si el mensaje o la idea es confusa y dificil de explicar o si, simplemente, el cliente no ofrece nada nuevo o destacable al mercado al que se dirige.

Esto le pasó a la agencia de publicidad SAATCHI & SAATCHI cuando un cliente le encargó una campaña para vender microondas. Ya me imagino a los creativos mordiéndose las uñas para conseguir “vender” un microondas. ¿Un microondas? eso era novedad en los 80, ¡maldita sea!

Lejos de rendirse, idearon esta campaña…una lección que nos apuntamos para encontrar siempre un valor diferencial para nuestros clientes.

una obra excelente

Una obra excelente, y sin embargo…una pena

He tenido la oportunidad, esta semana, de acudir a ver El Cascanueces al teatro Coliseum de Barcelona. No soy una gran entendida en ballet clásico, pero me gusta desde que tengo uso de razón, así que si se me presenta la ocasión, no dudo en ir a verlo.

En esta ocasión, la compañía era el Ballet Estatal Ruso de Rostov. La interpretación artística era excelente, la coreografía, a la altura, la puesta en escena, increíble, la calidad del espectáculo, muy buena, y por supuesto la música de Tchaikovsky e Ivanov, impresionante. Teniendo en cuenta mi limitado conocimiento del mundo del ballet, pude apreciar y disfrutar de la precisión de los saltos, de la ligereza de cada uno de los movimientos, y de la gran interpretación de los protagonistas.

Sin embargo, lo más destacado fue la extrema delgadez de las bailarinas. A excepción de dos de ellas, era difícil entender cómo los cuerpos de esas bailarinas podían moverse, y además, con gracia y ligereza. Su aspecto no era saludable, eso desde luego, porque se podían apreciar todos y cada uno de los huesos de brazos, cuello, hombros, espalda y pecho. Si a eso le sumamos el maquillaje con tonos blanquecinos, al estilo de una geisha japonesa, la imagen era espectral.

Ni siquiera los vestidos podían disimular tanta falta de curvas. Entiendo que las bailarinas sean altas y delgadas, incluso muy delgadas, pero lo que presencié no era en absoluto bonito. Y fue una pena, porque todos los comentarios que escuché – y los míos propios – tanto en el entreacto como a la finalización del espectáculo, giraban en torno a la extrema delgadez de las bailarinas, en lugar de aplaudir la fabulosa interpretación de la obra. Una pena…